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Fragile Movement

Escribir tu historia de salud mental y llevarla a una editorial

«¿Crees que tu historia debería conocerse?»

La pregunta encabezaba la convocatoria de originales de una editorial de libros sobre salud mental, y lo que venía detrás era una lista corta. Bastaba una página con el desarrollo del libro, el tema social, si sería ilustrado o testimonial y unas líneas sobre la persona. Y un detalle muy práctico, que el nombre del archivo llevara el de quien escribe y el tema.

Manos escribiendo en un cuaderno abierto junto a un portátil

Aquí no se reciben manuscritos. Esta página es para que el tuyo llegue bien preparado a quien corresponda.

Cuatro preguntas antes de empezar

Contéstalas por escrito, aunque sea en una libreta que no va a leer nadie más.

¿Para quién escribes?

Un libro pensado para tu familia no se parece al que escribirías para alguien que acaba de recibir el mismo diagnóstico. Y si es solo para ti, a lo mejor ni siquiera hace falta que acabe siendo un libro.

¿Estás en un momento estable?

Escribir sobre una crisis mientras se atraviesa es posible. Publicarla ya es otra cosa, y muchos testimonios buenos se escribieron años después.

¿Quién más aparece?

Padres, parejas, compañeros de planta, profesionales. Cualquiera de ellos puede reconocerse en tu libro.

¿Qué no quieres contar?

Decidirlo al principio evita arrepentirse después, cuando el libro ya está en la imprenta.

Testimonio, obra colectiva o libro ilustrado

En los libros sobre salud mental se repiten sobre todo cuatro moldes, y cada uno le pide cosas distintas a quien escribe:

Formatos de libro para contar la salud mental
Formato Qué pide Extensión de referencia Ejemplo
Testimonio o memorias Una voz sostenida y una estructura, casi siempre cronológica Libro completo, a menudo más de 200 páginas Una mente inquieta, de Kay Redfield Jamison
Obra colectiva Muchos relatos breves, bien seleccionados y editados Textos de una a pocas páginas cada uno Estigma (2018): más de 80 casos en 200 páginas
Libro ilustrado o novela gráfica Dibujo propio o una pareja autor-ilustrador que se entienda Muy variable; un álbum puede tener menos de 100 páginas Duermo mucho (2018): 88 páginas y más de 30 ilustraciones
Ensayo personal Experiencia propia más documentación Libro completo El demonio de la depresión, de Andrew Solomon

Si dibujas, o si buscas quien dibuje tu historia, el portfolio importa tanto como el texto. La editorial de la pregunta del principio pedía a los ilustradores muestras «con diferentes estilos», y el consejo vale para cualquier otra.

Escribir sobre otras personas sin exponerlas

Aquí tropieza mucha gente. Tu historia es tuya, pero en ella salen otros que no han elegido aparecer. Y en un libro sobre salud mental lo que se cuenta suele ser información sobre la salud de alguien, y el Reglamento General de Protección de Datos la trata como una categoría especialmente protegida. El honor, la intimidad y la propia imagen tienen en España una ley aparte, la Ley Orgánica 1/1982.

Las editoriales, en estos casos, piden cosas bastante razonables.

  • Cambiar nombres y los detalles que permitirían reconocer a alguien: profesión, ciudad pequeña, fechas exactas.
  • Pedir permiso por escrito a las personas cercanas que sí sean reconocibles, aunque cambies su nombre.
  • Contar cómo viviste tú los hechos sin ponerte a diagnosticar a nadie, porque «mi padre bebía cada noche» no es lo mismo que «mi padre era alcohólico».
  • Ante la duda, consultar a un abogado antes de firmar el contrato, que después ya es tarde.
Máquina de escribir portátil Olivetti Lettera 22 de color gris sobre un suelo de parqué

El dossier

  1. Un correo breve. Quién eres en dos líneas, y de qué va el libro en otras dos.
  2. Una sinopsis de una página como máximo, con el principio, el desarrollo y hacia dónde va el final.
  3. El tema, dicho con claridad: trastorno alimentario, ingreso psiquiátrico, duelo por suicidio, lo que sea.
  4. El formato que imaginas: testimonio, ilustrado, colectivo.
  5. Un índice provisional.
  6. Una muestra, que pueden ser dos o tres capítulos o unas veinte o treinta páginas. Si es ilustrado, varias páginas terminadas.
  7. Una nota sobre ti, que no tiene por qué ser un currículum de cinco páginas. Basta con lo que explique por qué eres tú quien cuenta esto.
  8. Para ilustradores, portfolio con trabajos en estilos diferentes.

Si la editorial explica en su web lo que quiere, manda eso y olvida esta lista.

Nombra el archivo con tu nombre y el tema del libro. Parece una tontería, y ayuda más de lo que se cree cuando alguien tiene doscientos adjuntos que se llaman «libro_final_v3».

Después de enviarlo

Las editoriales pequeñas reciben muchos más proyectos de los que pueden publicar. Lo normal es esperar meses, y muchas ni contestan cuando la respuesta es no. Mira en su web si dan un plazo.

Si hay contrato, lo habitual en España es que el autor cobre un porcentaje del precio de venta sin IVA de cada ejemplar vendido, a menudo en torno al 8–10 % en papel. Los anticipos, en una editorial pequeña, son modestos o directamente no existen. El contrato hay que leerlo entero y preguntar por los derechos de traducción y de adaptación, porque no es raro que un testimonio acabe traducido o convertido en documental.

La otra vía es la autoedición. Te da control total, y a cambio todo lo que haría una editorial pasa a ser cosa tuya. El ISBN y el depósito legal son dos trámites. La distribución cuesta bastante más, y cómo funciona lo contamos en la página sobre distribución.

Cuidarse mientras se escribe

Escribir sobre lo que dolió puede remover mucho. Los estudios sobre escritura expresiva que el psicólogo James Pennebaker empezó a mediados de los años ochenta encontraron efectos positivos en la salud de quienes escribían sobre experiencias difíciles. También vieron que, justo después de escribir, mucha gente se sentía peor durante un rato.

Ayuda escribir a una hora fija, mejor de día que de madrugada, y parar en cuanto cuesta respirar. Y tener a mano a alguien a quien llamar. Si en algún momento aparecen pensamientos de hacerte daño, en España puedes llamar al 024, gratis y a cualquier hora.

Mujer con chaqueta amarilla escribiendo una carta en una mesa y mirando hacia el espectador
Johannes Vermeer, «Mujer escribiendo una carta», hacia 1665

Procedencia de las imágenes. Cuaderno y portátil en la misma mesa: foto de Shixart1985, CC BY 2.0, vía Wikimedia Commons; Olivetti Lettera 22, la portátil que la marca sacó en 1950: foto de LjL, dominio público, vía Wikimedia Commons; Johannes Vermeer, «Mujer escribiendo una carta», hacia 1665, National Gallery of Art, Washington: CC0.