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Fragile Movement

Qué es el estigma en salud mental y dónde se nota

«El estigma es el paso indispensable que nos aboca hacia la discriminación».

Contracubierta de Estigma (2018)

Así lo decía la contracubierta de Estigma, un libro colectivo de 2018 con más de ochenta casos reales. Suena solemne, pero acierta. En la práctica, el estigma es lo que manda un currículum a la papelera o hace que una familia deje de invitar a alguien a las cenas.

Pintura de un patio de hospital donde el médico Philippe Pinel observa cómo quitan las cadenas a una joven internada
Tony Robert-Fleury, «Pinel, médico jefe de la Salpêtrière en 1795», 1876

De la marca en la piel a la identidad deteriorada

En griego, stigma era la marca que se hacía con un punzón o un hierro candente. Se ponía a esclavos y a condenados para que todo el mundo supiera, al verlos, qué eran. Algo de eso sobrevive en el uso actual, que consiste en señalar a alguien por un rasgo y leer a la persona entera a través de él.

El sociólogo Erving Goffman recuperó la palabra en 1963 con un libro que todavía se cita mucho, Stigma: Notes on the Management of Spoiled Identity (en castellano, Estigma. La identidad deteriorada). Goffman distinguía tres familias de estigma: las del cuerpo, las que la sociedad atribuye al carácter, entre las que situaba los trastornos mentales, y las que se heredan con el grupo, como el origen o la religión.

Dos ideas suyas siguen muy presentes.

El disimulo

Goffman lo llamó passing. Quien puede ocultar su diagnóstico suele hacerlo, y eso agota. Hay que inventarse excusas para las citas médicas y medir lo que se cuenta, y a quién.

El estigma de cortesía

Es el que salpica a quien está cerca. A los padres o a la pareja de alguien con un trastorno mental, e incluso a sus hijos, les toca su parte sin haber hecho nada, por simple asociación.

Cuatro formas de estigma

La investigación posterior, sobre todo la del psicólogo estadounidense Patrick Corrigan, ha descompuesto el estigma en capas. Y separarlas sirve para algo, porque cada una se combate con herramientas distintas.

Estigma público
Lo ejerce la gente en general, casi siempre desde el miedo o el prejuicio.
Pensar que alguien con esquizofrenia es peligroso y cambiarse de acera.
Autoestigma
En la propia persona, que acaba creyéndose los prejuicios.
«Para qué voy a pedir ese puesto, si con mi diagnóstico no me lo van a dar».
Estigma estructural
Está en las normas y en cómo se reparten los presupuestos.
Servicios de salud mental con listas de espera mucho más largas que otras especialidades.
Estigma por asociación
Alcanza a quien está cerca de la persona, muchas veces a su familia.
La madre a la que se culpa del trastorno de su hijo.

El autoestigma es el que menos ruido hace. Corrigan lo llamó efecto «¿para qué intentarlo?», y el nombre ya lo dice casi todo. La persona se cree el prejuicio y, con la confianza por los suelos, deja de buscar trabajo o pareja, a veces incluso tratamiento, de modo que se descarta sola antes de que nadie llegue a discriminarla.

Cómo suena el estigma

El lenguaje es donde antes se nota. Las guías de estilo que la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA ha publicado para periodistas coinciden con lo que piden las propias personas afectadas, y casi siempre insisten en los mismos cambios.

  1. «Tiene esquizofrenia», no «es esquizofrénico». La persona no es su diagnóstico.
  2. En vez de «enfermo mental» o «loco», «persona con un problema de salud mental» o, cuando se sabe, el diagnóstico concreto.
  3. Mejor «tiene depresión» que «sufre de depresión». Puede que haya sufrimiento, pero no hace falta darlo por supuesto en cada frase.
  4. Los diagnósticos como adjetivo, fuera. El tiempo no está «bipolar» y nadie es «muy TOC» por ordenar la estantería por colores.
  5. «Murió por suicidio», nunca «cometió suicidio». Cometer se usa para los delitos.
  6. Nada de relacionar diagnóstico y violencia en un titular si no hay datos que lo justifiquen. Las personas con un trastorno mental grave tienen más probabilidades de sufrir violencia que de ejercerla.
  7. «Psicópata» y «psicótico» no son insultos ni sinónimos.

Parece cosa de periodistas, pero lo que se dice en un telediario o en una serie llega a mucha más gente que cualquier consulta.

Banco de piedra y madera en los jardines del antiguo hospital psiquiátrico de Conxo

Campañas que midieron resultados

Muchas campañas contra el estigma se quedan en unos carteles y un día marcado en el calendario, y casi nunca se comprueba después si algo ha cambiado. Time to Change sí lo comprobó. Funcionó en Inglaterra desde 2007 hasta el 31 de marzo de 2021, impulsada por Mind y Rethink Mental Illness con 20,5 millones de libras iniciales del Big Lottery Fund y Comic Relief, y cerró cuando se acabó la financiación pública.

La evaluación independiente de 2013 dejó un sabor agridulce. La discriminación por parte de familiares y amistades había bajado algo, pero entre los profesionales sanitarios apenas se notó ningún cambio.

En Cataluña trabajó durante años en la misma línea la alianza Obertament, que colaboró en la edición de aquel Estigma de 2018.

Lo que más se repite en los estudios de los últimos quince años es que el contacto funciona. Conocer a alguien con un trastorno mental y oírle contar su vida con sus palabras reduce los prejuicios de los adultos más que cualquier folleto informativo. Con adolescentes, la educación parece dar mejores resultados. Leer un testimonio en primera persona se parece bastante a ese contacto, aunque sea a distancia, y es lo que explica que este sitio dedique una página a los libros que los recogen.

Fuentes: Erving Goffman, Estigma. La identidad deteriorada (1963); la evaluación de Time to Change publicada en 2013 como suplemento del British Journal of Psychiatry; las guías de estilo para medios de la Confederación SALUD MENTAL ESPAÑA.

En el día a día

Casi todo lo que reduce el estigma cabe en la vida diaria, sin carnet de activista:

  • Corregir el lenguaje propio antes que el ajeno.
  • Preguntar «¿cómo estás?» a quien ha estado de baja por ansiedad igual que se le pregunta a quien vuelve de una operación de rodilla.
  • No dar por hecho que un diagnóstico explica todo lo que hace una persona.
  • En el trabajo, tratar la adaptación de horarios por salud mental con la misma normalidad que cualquier otra.
  • Leer testimonios y, si alguno te ha removido, recomendarlo.
Varias personas sostienen en una calle una pancarta que dice «Construyamos salud mental en comunidad. Octubre, mes de la salud mental»

Si necesitas hablar con alguien

El 024 es la línea de atención a la conducta suicida. Si tienes pensamientos de hacerte daño, o te preocupa alguien, puedes llamar sin coste a la hora que sea, y si te cuesta hablar, escribir por el chat. Ante un peligro inmediato, 112.

Procedencia de las imágenes. Tony Robert-Fleury, «Pinel, médico jefe de la Salpêtrière en 1795», 1876: dominio público; Jardines del antiguo hospital psiquiátrico de Conxo, Santiago de Compostela: foto de Luis Miguel Bugallo Sánchez, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons; Día Mundial de la Salud Mental en la plaza Vidiella de Montevideo, 18 de octubre de 2023: foto de Verónica Caballero, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons.